Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas

02 Dia Nacional Lenguas Signos EspaEl reconocimiento de las lenguas de signos ha sido una lucha constante por parte de las personas sordas. Por eso, el año pasado el Consejo de Ministros declaró el 14 de junio como el Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas con el objetivo de fomentar la inclusión, la igualdad de oportunidades y participación en una sociedad diversa, multilingüe y multicultural.

Hace relativamente poco que la lengua de signos es reconocida oficialmente; sí, pero… ¿a qué siglo se remonta su origen? Existe muy poca información sobre el origen de esta lengua, pero todos estaremos de acuerdo en que surgió en el mismo momento en que se encontraron dos personas sordas en un mismo lugar, ¿verdad? Entonces nos preguntamos… ¿es una lengua tan antigua que incluso podría haber surgido antes que las lengua orales? Porque sería un error pensar que la lengua de signos depende de la lengua oral…

Aproximación a la historia de la lengua de signos

La lengua de signos es una lengua minoritaria y minorizada por la sociedad desde hace siglos. Nos remontamos al siglo IV: San Agustín expone que «los sordos y bufones significan con los gestos… mucho y casi todo lo que nosotros hablamos; de donde encontramos que  los gestos mismos son signos». Para que os hagáis una idea, en esta época, los sordos no tenían derechos de ciudadanía reconocidos, y esto se mantendría hasta el siglo XVI, época del Renacimiento. Es aquí donde a las personas sordas se les comienza a reconocer esa capacidad de pensamiento, esa inteligencia “dormida”… pero ¿cómo? Siempre desde la dependencia y el aprendizaje de la lengua oral.

Durante estos años, los monjes comienzan a educar a los niños sordos y así surgen algunos proyectos educativos enfocados a la enseñanza de las personas sordas con alto nivel adquisitivo (familias de nobles); y bueno, se puede decir que utilizan como herramienta de aprendizaje las señas. En este sentido, la figura de Fray Pedro Ponce de León pasará a la historia por considerarse el primer educador de personas sordas del mundo.

Un cambio de mentalidad es lo que necesitaba la sociedad. ¿Por qué los monjes y no otras personas fueron los que enseñaron a los niños sordos a expresar su pensamiento mediante los signos? Porque, antiguamente, los monjes estaban obligados a respetar el voto de silencio en los monasterios y se hacían comprender mediante señas. Fue por ello por lo que Ponce de León cayó en la cuenta de que era posible expresar la razón sin habla, así que utilizó con los niños sordos un sistema gestual de comunicación.

A lo largo de la historia, muchas personas han tenido como objetivo crear sistemas de enseñanza para las personas sordas (el Licenciado Lasso con su Tratado legal sobre los mudos de 1550, Juan Pablo Bonet con su Reduction de las letras y Arte para enseñar á ablar los Mudos de 1620…), sin embargo hay que esperar hasta la época de la Ilustración para encontrar un reconocimiento claro de que la lengua materna de las personas sordas es verdaderamente la lengua de signos. Esta afirmación se puede encontrar en el libro publicado por el abad L´Epée, Introducción de los sordomudos a través de los signos metódicos, (1776). Charles-Michel de l’Épée llegó a un acuerdo con los alumnos sordos, estableciendo signos artificiales pactados para poder comunicarse con ellos. Fue la primera vez que las personas sordas recibían educación de forma colectiva.

Tres años después, en 1779, se publica el primer libro en defensa de la lengua de signos,  ¡escrito por una persona sorda!: Observaciones de un sordomudo sobre un curso elemental de educación de sordos y mudos, de Pierre Desloges.

¿Y en España, qué ha pasado?

Aquí siguen esta misma línea de enseñanza a partir de los propios signos de los alumnos sordos. En 1795 se fundó el primer colegio para sordos en España y se publicó Escuela Española de Sordomudos o Arte para enseñarles a escribir y hablar el idioma español, de Lorenzo Hervás y Panduro, que aconseja enseñar a los sordos desde el medio más natural para ellos. Sin embargo, tenemos que destacar que el primer registro de signos españoles fue el Diccionario de mímica y dactilología de Francisco Fernández Villabrille (1851), donde se describen hasta 1547 signos. Este documento es muy muy importante, porque es el primer diccionario de Lengua de Signos en España.

No obstante, en 1880 se convocó un Congreso Internacional de Maestros de Sordomudos en Milán que fue un gran retroceso para las lenguas de signos. «¡Viva la palabra!» era el lema de aquel congreso, que provocó un cese de de la transmisión de las lenguas de signos y su desaparición de las escuelas en favor de una metodología oralista que vetaba a los sordos de su lengua natural. Pero, en su vida cotidiana, las personas sordas siguieron utilizando la lengua de signos, su lengua materna.

En los años 20, Lev Vigotski y William Stokoe fueron los que se dieron cuenta de que la lengua de signos cumplía con todos los requisitos necesarios para ser considerada una verdadera lengua. Poco a poco, las personas sordas volvieron a reactivar la lucha por el derecho a utilizar su lengua y como veis, hasta nuestros días, la lucha por su reconocimiento ha sido constante. Así, mediante la investigación y la puesta en duda de los métodos oralistas que se utilizaban en la educación de estas personas se han conseguido grandes logros: avances, pequeñas batallas que apreciamos hoy en día mediante los diferentes congresos celebrados en relación con la lengua de signos, los diccionarios editados y publicados, las legislaciones tanto en el ámbito estatal como autonómico, las asociaciones, federaciones y centros de interpretación…

A pesar de que la lengua de signos es una lengua muy novedosa, es difícil resumir en unos pocos párrafos su origen y lo que realmente ha significado para la Comunidad Sorda. Espero que os haya parecido interesante, y recordad: ¡la lengua de signos es una lengua viva y dinámica, en continua evolución!

Érase una vez… ShowLeap (4/4)

En capítulos anteriores… ¿Que aún no has visto el tercer capítulo de «Érase una vez… ShowLeap»? ¡LÉELO!

En ‘Think Big’, el programa de la Fundación Telefónica, nuestros protagonistas tenían que presentar mensualmente sus avances mediante videoconferencia con un tutor. En estas reuniones se encontraban cada mes con otros cuatro proyectos, y uno de ellos les llamó la atención: una chica —la creadora del proyecto— aparecía en pantalla, signando la presentación. Nuestros Telecos se quedaron con su cara y en la próxima reunión que tuvieron junto a otros proyectos del programa ‘Think Big’ (en la Universitas Telefónica de Barcelona) conocieron a Almudena, que así se llamaba la misteriosa chica. Ella necesitaba tiempo para su propio proyecto, pero nos puso en contacto con Carmen, una amiga suya, intérprete de Lengua de Signos Española. Et voilà! ShowLeap completaba con ella su departamento lingüístico.

El proyecto estaba cada vez más definido, pero llegó el fin de curso y los exámenes finales empezaron a agobiar a nuestro equipo, que bajó el pistón. En uno de esos odiosos e interminables días de estudio, Jordi recibió un misterioso mensaje en su Facebook:

«¡Hola Jordi! Antes de nada, enhorabuena por vuestro proyecto sobre la traducción “oral” del lenguaje de signos. Soy Javi, licenciado de Matemáticas de 24 años de Madrid y estudiante del Máster de Ingeniería Matemática. Quería preguntaros si habría alguna remota posibilidad de poder colaborar con vosotros en el proyecto que estáis desarrollando, porque me parece una pasada.»

Así es, a Messi se le fichó en una servilleta, y a Javi —el matemático de ShowLeap— mediante un mensaje en Facebook con un final muy madrileño: «me parece una pasada». Dio la casualidad de que Zuzanna tenía que viajar a Madrid como representante del proyecto y se decidió a quedar con él, aunque no sabía muy bien qué iba a encontrarse. Resultó ser igual de friki que nuestros Telecos, por lo que no dudaron en acogerlo en la gran familia ShowLeap (o sí, ¡quién sabe!). El caso es que Javi era la pieza que le faltaba al puzzle: un matemático, con un punto de vista diferente, que podría aportar múltiples soluciones a problemas diversos.

Poco después ShowLeap empezó a trabajar con Miriam, una amiga de Jordi que acababa de terminar su Licenciatura Internacional en Administración y Dirección de Empresas. Miriam tuvo que abandonar el equipo al poco tiempo, pero todos pusieron de su parte para sacar adelante las tareas de gestión y administración a las que se iba enfrentando el proyecto.

equipoShowLeap

Y así es como nació y creció ShowLeap, a día de hoy una startup formada por seis jóvenes emprendedores que están trabajando para romper las barreras comunicativas de las personas sordas y lanzar al mercado el primer traductor de Lengua de Signos Española a voz, y viceversa, en tiempo real.

¿Te ha gustado la historia? ¡COMPÁRTELA!

Érase una vez… ShowLeap (3/4)

En capítulos anteriores… ¿Que aún no has visto el segundo capítulo de «Érase una vez… ShowLeap»? ¡LÉELO!

Captura de pantalla 2014-10-07 a la(s) 17.33.30Llamadas de la prensa, cartas de felicitaciones de los rectores de la Politècnica de Valencia, invitaciones a mesas redondas, entrevistas en radios…¡Felicitaciones varias!

Durante unos dos meses, esto fue una constante en la vida de nuestros protagonistas. Estaban muy ilusionados y decididos a trabajar duro en ShowLeap pero, con tanto ajetreo, solo podían dedicarse a hacer gestiones y preparar la documentación que se les requería en Think Big, un programa de la Fundación Telefónica al que accedieron. Llegados a este punto, desafortunadamente, Nela tuvo que continuar con su tesis doctoral y dejó el proyecto, pero aún hoy día —desde la distancia— continúa alegrándose y animando a sus compañeros.

Pero, como decíamos, la cantidad de papeleo y gestiones necesarias empezaron a agotar a nuestros tres intrépidos estudiantes (¡Qué razón tenía Larra cuando escribió «Vuelva usted mañana»!). Zuzanna, Jordi y Rubén se vieron obligados a ponerse en contacto con José Marín-Roig Ramón, un profesor del Instituto Ideas de la Escola Politècnica Superior de Gandia que les invitó a ir de oyentes a sus clases de ‘Creación de empresas’. Aunque fuera un territorio indescifrable para tres frikis provenientes del mundo gaussiano, era imprescindible tener conceptos básicos de marketing y administración de empresas para poder optar a cualquier tipo de financiación para el proyecto. Y aquí nuestra historia llega a otro de sus puntos claves.

Teo y su portátil, nerviosos antes de la presentación en el MAAC de Microsoft
Teo y su portátil, nerviosos antes de la presentación en el MAAC de Microsoft © ShowLeap

Por caprichos de la vida, Zuzanna y Jordi se encontraron en la primera clase a la que asistieron con Teo, un estudiante de Comunicación Audiovisual (¡no pelirrojo!). Gracias a él ShowLeap pudo sacar adelante muchas presentaciones y todo lo relacionado con la creación de la marca, por lo que pronto le propusieron unirse al proyecto. ¡El equipo de ShowLeap empezaba a crecer!

Nuestros protagonistas tenían una idea, apoyo, visibilidad, ganas, ilusión, un Teo no pelirrojo con conocimientos de diseño, marketing y comunicación, y un proyecto sobre la Lengua de Signos Española… Pero, irónicamente, justo ahí es donde flojeaban. ¡Necesitaban a incorporar a alguien relacionado directamente con la LSE!

¿Quieres saber cómo continúa la historia? El próximo lunes 3 de noviembre, cuarto y último capítulo de «Érase una vez… ShowLeap».

Érase una vez… ShowLeap (2/4)

En capítulos anteriores… ¿Que aún no has visto el primer capítulo de «Érase una vez… ShowLeap»? ¡LÉELO!

La del jueves 2 de abril fue una noche excitante (todo lo excitante que puede ser una noche para unos frikis de la programación) en la que nuestros aguerridos protagonistas no pararon de investigar la API del dispositivo. Rubén llegó desde Alicante para reunirse con Zuzanna y Jordi (compañeros de piso en Gandía) en la que meses después se convertiría en la central de operaciones de ShowLeap. Los tres juntos, por fin, lograron darle forma a la idea; y a la mañana siguiente, muy temprano, se dirigieron a Valencia —sede del concurso— con sus únicas armas: pizarra, rotuladores y el dispositivo Leap Motion. ¡Tan emocionados estaban que ni siquiera se percataron de que no tenían ni dónde dormir!

ShowLeapHackForGood
Jordi, Zuzanna, Nela y Rubén en el HackForGood VLC

Una vez llegados al lugar —la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la UPV—, Zuzanna, Jordi y Rubén recogieron sus respectivas acreditaciones y almorzaron mientras intentaban bajar las pulsaciones (¡gracias a los organizadores por los muffins y el café!). En esas que se les acercó una profesora de Matemáticas ecuatoriana que se encontraba haciendo el doctorado en la Universitat Politècnica de València, «interesada en nuevas tecnologías». Aunque Nela —que así se llamaba— no se iba a presentar al concurso, la conversación empezó a fluir entre los cuatro y pronto le propusieron unirse a esta descabellada idea. Hasta ese momento eran tres desarrolladores formados en las mazmorras del Grado en Telecomunicaciones y seguro que les vendría bien otro punto de vista; una persona capaz de investigar sobre la situación de las personas sordas en España, las soluciones tecnológicas existentes y cómo encarar la presentación para el HackForGood.

El viernes 3 de abril, día de la inauguración del concurso, cada equipo debía explicar qué quería conseguir en el hackatón. Cuando llegó el turno de ShowLeap (¿ya sabéis de dónde viene el nombre?), Zuzanna explicó la idea a los asistentes… y pareció que gustaba. ¡Incluso hubo quién presto atención a nuestro imberbe proyecto! Así pues, tras llenar de nuevo los estómagos, los cuatro se pusieron manos a la obra. Después de una tarde entera aprendiendo a programar el dispositivo nos dieron las 21 h (como al gran Sabina) y el recinto del HackForGood tenía que cerrar.

Nuestros protagonistas tuvieron que volver a la realidad. ¿Dónde dormían? Nela se erigió en salvadora del grupo: acogería a los tres valientes estudiantes en su casa. Aunque dormir, no durmieron mucho: tras descansar solo tres horas, su jornada empezó el sábado a las 4 AM (sí, AM). El equipo decidió implementar unos cuantos gestos para impresionar al jurado. Las horas pasaron demasiado rápido y pronto llegó la hora fatídica del pitch. No había quedado tiempo para practicar la exposición y, como Murphy no andaba muy lejos, ShowLeap iba a ser el primer proyecto en presentarse. He aquí  el resultado:

Pasado el miedo escénico, todo estaba en manos del jurado. Pocos minutos después el agotamiento de estos cuatro emprendedores desaparecería al escuchar el nombre de su proyecto junto a la palabra «ganadores». ShowLeap se llevó el primer premio del HackForGood Valencia y, tres días después, el HackForGood Global (el premio a nivel nacional)… pero no sería el único: el proyecto acabó acaparando un total de siete premios: dos a nivel local (Valencia ) y cinco a nivel nacional.

Punto y aparte. ¡A partir de este momento empieza la locura!

¿Quieres saber cómo continúa la historia? El próximo lunes 27 de octubre, tercer capítulo de «Érase una vez… ShowLeap».